Sintió una mirada sobre ella, sintió un peso sobre su cuerpo, su pelo y su cara. Alzó la cabeza y ahí estaba el, sus ojos marrones tan tremendamente oscuros que podían hacerse pasar por negros, su rostro serio mirándola fijamente, con deseo, con ganas.
Y entonces, bajó la cabeza. Y ella la alzó. Alzó la cabeza porque, si él podía fijarse en ella, ¿qué mas daban los demás? ¿Qué importaba la vergüenza? Si lo tenía a él, el resto del mundo podía desaparecer. Él la salvaba, con sólo una mirada, la salvaba. La hacía sentir especial, y eso, por pequeño que fuera, para ella significaba un mundo.
''Nunca le declaré abiertamente mi amor, pero si las miradas hablan, el más tonto habría podido advertir que me tenía trastornado el juicio''




